Miscelánea

Testimonio: La fe me tiene de pie

Cuando cuesta aceptar la vida

Por: PATRICIA CARRILLO GÓMEZ

“Da más fuerza saberse amado que saberse fuerte” (Goethe)

La vida de una familia chihuahuense cambió radicalmente hace 21 meses, cuando la madre sufrió un derrame cerebral a sus 76 años de edad. Teresa Dickens, casada con Genaro Almeida desde hace 56, quedó postrada en una cama conservando solamente la movilidad de sus ojos.

La inesperada situación del apreciado matrimonio de Nayo y Tere, como cariñosamente se les conoce, causó gran tristeza entre sus tres hijos -un varón y dos mujeres- y sus allegados, pues jamás imaginaron que en un segundo sus vidas darían un giro total.

Notidiócesis se acercó a ellos y don Genaro como su hija Georgina, quisieron compartir para nuestros lectores su testimonio de amor en familia con la intención de ayudar a otros a no perder la fe y a no abandonar a los suyos en situaciones semejantes.

“A mi madre se le reventó un aneurisma quedando inmediatamente en coma”, platica Georgina; añade don Genaro con lágrimas en los ojos: “Ese día, del derrame cerebral de mi esposa, íbamos en la camioneta rumbo al funeral de un familiar, cuando de pronto ella se quejó de un dolor de cabeza y se desvaneció sobre el asiento. Yo sentí que me moría al verla así, pues jamás se enfermaba; siempre fue muy activa, tocaba el piano, cantaba, ayudaba en la Iglesia, hacía manualidades; en ese momento incluso trabajaba en el ayuntamiento. Hoy, al verla totalmente postrada en esa cama sin poder comunicarse, que era lo que más amaba, siento que me derrumbo cada vez más, pero la gran fe en Dios que ella nos inculcó a toda la familia es la que me tiene de pie”.

“Mi papá también se enfermó hace tres meses -interviene de nuevo Georgina-. Él iba todos los días a verla, pero sorpresivamente sufrió una grave hemorragia intestinal… Estuvo quince días internado en el hospital. Pensamos que era la tristeza que se lo estaba acabando y quería dejarse ir por la pena de no tener a su esposa, de verla en ese estado”.

La familia decidió que su esposa y madre fuera internada en una clínica, porque requería de muchos cuidados especiales cada tres de las 24 horas del día; además necesita oxígeno continuamente y es alimentada a través de una sonda directamente en su estómago. Ellos dicen estar ciertos que Teresa les entiende, que tiene cierto nivel de conciencia pues se estremece con ruidos fuertes. Con esta esperanza y el gran cariño que le tienen, la ven todos los días, le hablan continuamente, le cuentan cosas que van viviendo, le cantan, le manifiestan su cercanía y ternura… En fin, buscan una manera de comunicarse con ella.

A Tere le gustaba cantar; ella fue de las primeras formadoras del grupo Allegro del Tecnológico de Monterrey; siempre trabajó también por la superación de las mujeres, sobre todo a través de un programa de TV donde era invitada frecuente. Pertenecía al coro de señoras de San Ignacio de Loyola dirigido por su hija y siempre les decía a sus compañeras que tenían que trascender con su alabanza. Ahora que está en la clínica, es cuando Georgina se ha dado cuenta de cuántas personas han sido apoyadas por su mamá, pues la recuerdan y oran por ella con mucho cariño.

“Nos estamos dando cuenta que esta enfermedad no sólo nos ha traído dolor, sino muchas otras bendiciones, ya que como familia nos hemos unido y fortalecido más; queremos pensar que ella se está purificando aquí en la tierra para llegar derechito al cielo”. O quizá Dios busca, también, la purificación de toda la familia, hacerles crecer en el amor mutuo, en la caridad, en la conformidad a su voluntad, a veces incomprensible a primera vista.

Don Genaro comparte que entre su esposa y él existía un trato: que él moriría primero, porque no tendría la fuerza de verla partir antes, pues Tere siempre fue la más fuerte en el matrimonio. Éramos “Nayo y Tere”, no nos identificaban al uno sin el otro. “Éramos muy cantadores, tanto que en casa formamos una escuelita de música para quien quisiera aprender”. Y añade: “No he podido superar esto del todo; me despierto en la noche y pienso en lo que vivimos y todo lo que teníamos planeado hacer. ¡Nunca tuvimos pleitos! Hoy espero no perder nunca la esperanza de que ella se repondrá y podremos asistir como cada año al hospital donde cantábamos, donde me disfrazaba de papá Noel y regalábamos dulces”.

En cuanto a su hija, quiso terminar manifestando su gratitud en nombre de toda esta familia que en ningún momento ha pensado en abandonar a su madre, sino acercarse más a ella: “Agradecemos a Dios por su vida, por el gran legado que ha dejado a través de sus obras y de las personas a las que ha tocado. Nos deja un gran ‘paquete’ que hay que imitar”.

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