Editorial, En tinta china

¡Su premio será grande!

Por: Luis Efrén

“He aquí que estoy vivo por los siglos de los siglos”. Estas palabras del Resucitado son uno de los mensajes firmes que en la Misa dominical del 28 de abril escuchamos en la segunda Lectura, en la que se proclamaron algunos versos del Apocalipsis (1,18) de San Juan, el apóstol más joven de los Doce y quien escribió además el Evangelio que lleva su nombre y tres cartas inscritas en el catálogo de la Biblia.

El mensaje del Señor es claro: “Estoy vivo”. Con él vuelve a demostrar que venció a la muerte y así nos abrió a todos los que creemos en Él las puertas de las mansiones celestiales. Como sucedió durante la primera semana de Pascua, cuando aquellas se abrieron para un venerable sacerdote de nuestra Iglesia particular, el Pbro. Raúl Gamboa Armendáriz, quien después de una fructífera vida dedicada a Dios y a la Iglesia por medio del sacerdocio, entregó su alma al Juez justo y misericordioso. Hoy creemos que ya goza plenamente de la corona merecida por todos los trabajos que realizó a lo largo de sus 85 años de vida y poco más de 60 como sacerdote. En la comunidad donde vivió los últimos diez años fue despedido de esta vida y encomendada su alma para que goce pronto de la Presencia divina, pues seguros estamos de la fidelidad a su ministerio, al Señor y a la Iglesia. Por tanto “su premio será grande en el Reino de los Cielos”, como dijo Jesús en las bienaventuranzas.

Por mi parte, recuerdo con gratitud al P. Gamboa, pues cuando él era párroco de Santa Eulalia invitó al grupo de jóvenes al que este servidor pertenecía, para que le apoyáramos impartiendo los temas del kerigma a jóvenes de la comunidad de Santa Elena a lo largo de dos fines de semana intensos de evangelización. Muy complacidos y felices participamos con él en su comunidad, pues no era común que nos invitaran sacerdotes de otras parroquias a impartir estos temas, pero el padre puso su confianza en nosotros y creo no le defraudamos. Más aún, aquel grupo numeroso de adolescentes a quienes se les anunció el kerigma, al poco tiempo recibieron, todos, el sacramento de la Confirmación.

Hoy estamos tristes porque ya no veremos más por aquí al P. Gamboíta -como de cariño le decían-, pero estamos alegres porque se han cumplido en él las promesas del Señor: “Siervo bueno y fiel, ya que respondiste fielmente… entra a participar del gozo de tu señor” (Mt 25,21).

¡Que nuestro querido padre Gamboa interceda en el Cielo por muchas y santas vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada! Pidámoslo así estos días, prontos a celebrar la Jornada de Oración por las Vocaciones.

Que el Señor dirija nuestros pasos.

PD. Los que laboramos en Notidiócesis oramos también por el eterno descanso de uno de nuestros vecinos, el señor Sergio Ortega Duarte, quien fue llamado a la Pascua eterna el lunes 22 de abril. Su hogar está justo frente a nuestras oficinas y desde hacía mucho tiempo, por las tardes, regaba los tres pinos de esta casa editora. Además siempre estaba dispuesto por si alguno de nosotros necesitaba algo. Fue muy generoso, de aquellos vecinos verdaderamente serviciales. Descanse en paz.

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