Miscelánea

San Juan de Ávila, doctor de la Iglesia

Por: RAÚL SÁNCHEZ K.

Hace 450 años, el 10 de mayo de 1569 descansaba en el Señor San Juan de Ávila, declarado Doctor de la Iglesia por el Papa Benedicto XVI en octubre del 2012 invitando a los católicos a que “vuelvan la mirada hacia él”. El 6 de abril inició el Año Jubilar por su muerte.

El ayer y el ahora

El mismo Papa se preguntaba: “¿Qué puede decirnos un hombre del siglo XVI a quienes vivimos en el XXI? ¿Qué sentido tiene que irrumpa en nuestro presente un personaje que cuenta con quinientos años de historia? Juan de Ávila, el clérigo andariego que recorrió ciudades y pueblos predicando el Evangelio; que abandonó honores, riquezas y proyectos para poseer sólo a Jesucristo; el hombre culto, sencillo y espiritual tal vez más consultado de su tiempo”.

Riqueza y pobreza

Hijo único, se formó en un ambiente cristiano. A sus 14 años fue enviado a Salamanca donde estudió 4 cursos de Leyes. Volvió a su hogar en Almodóvar del Campo (Ciudad Real, Diócesis de Toledo) y tras 3 años de reflexión y oración se encaminó a la recién creada Universidad de Alcalá de Henares, exponente de las más actuales corrientes teológicas del momento, donde, estudiando Artes y Teología, se preparó para el sacerdocio. En 1526, cuando ya habían fallecido sus padres, recibió la ordenación. La festejó invitando a los pobres a su mesa y repartiendo entre ellos su cuantiosa herencia.

En la cárcel

Con entusiasmo evangelizador marchó a Sevilla. Quería ir al Nuevo Mundo, pero circunstancias ajenas cambiaron sus planes.

Su notable éxito en las predicaciones se vio nublado por infundadas acusaciones a la Inquisición. Permaneció 2 años en la cárcel (1531-1533). Mientras se desarrolló el proceso se fraguó su sapiencial conocimiento del misterio de Jesucristo, que en adelante centró toda su vida y actividad. Allí comenzó a escribir su obra cumbre, el tratado de vida espiritual Audi, filia.

Absuelto, poco después se trasladó a Córdoba, donde se incardinó como sacerdote y donde conoció a su discípulo, amigo y primer biógrafo Fray Luis de Granada.

Dedicación

Juan vivió muy pobremente, dedicado a la oración, al estudio y a la predicación. De plaza en plaza, de iglesia en iglesia, estimuló e ilustró la fe cristiana de jóvenes y adultos, sabios e ignorantes, pobres y ricos. Pero centró su interés en mejorar la formación de los pastores del Pueblo de Dios. Para ello fundó una quincena de colegios mayores y menores, precedentes de los actuales seminarios, y la Universidad de Baeza (Jaén), referente académico durante siglos.

Memoriales

En 1551 el arzobispo de Granada quiso llevarle como teólogo asesor a la segunda sesión del Concilio de Trento, pero Juan no pudo acompañarle por su salud, mas escribió dos importantes Memoriales que tuvieron notoria influencia en los documentos conciliares, sobre todo en los decretos de reforma y sobre los sacramentos y, por tanto, repercutieron en toda la Iglesia.

Su saber teológico le mereció el título de “Maestro” y, como buen humanista, no le faltaron conocimientos científicos, siendo inventor de máquinas para elevar el agua.

Escribió también comentarios a textos bíblicos, numerosos Sermones y Pláticas espirituales, y un nutrido y precioso Epistolario.

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