Santo de la Semana

San Bernardino de Siena

Hijo de Albertollo de los Albizzeschi y de Raniera de los Avveduti, Bernardino nació el día de la Natividad de la Virgen María, 8 de septiembre de 1380, en Massa Marittima (Toscana, Italia), donde su padre era gobernador.

A sus tiernos tres años de edad murió su padre y a los seis su madre; le criaron sus tíos maternos, procurándole una sólida formación cristiana y una excelente educación en distintas disciplinas.

En Siena, donde se licenció en Derecho Canónico, formó parte de la Compañía de los Disciplinantes, grupo comprometido con el cuidado de los enfermos; de modo que cuando una violenta epidemia de peste asoló la ciudad en 1400, algunos miembros encabezados por Bernardino auxiliaron heroicamente a la población trabajando sin descanso en el hospital Santa María della Scala. Varios de estos jóvenes murieron pero Bernardino, aunque cayó agotado, escapó milagrosamente del contagio.

Discerniendo su vocación a la vida religiosa ingresó a los 22 años al convento franciscano de Siena. Para el noviciado fue trasladado al convento de Seggiano, de la rama de la Estricta Observancia, donde renunciando a todos sus bienes en favor de los pobres tomó el hábito en 1402, pronunció sus votos en 1403 y un año más tarde, en su cumpleaños 24, fue ordenado sacerdote.

Durante los siguientes doce años se preparó en la oración y el estudio teológico para la misión que el Señor le confiaría como apóstol, predicador y reformador, iniciando su correría apostólica en Milán y de ahí a toda Italia.

Gracias a su elocuencia y celo pronto empezó a reunir enormes multitudes a las que se dirigía en ocasiones al aire libre pues las iglesias no tenían la capacidad para reunir a tanta gente. Viajaba siempre a pie y con frecuencia predicaba durante varias horas seguidas sermones en que aconsejaba la penitencia, ponía al descubierto los vicios más difundidos y propagaba la devoción al Santo Nombre de Jesús con cuya imagen simbolizada por las letras “IHS”, animaba a que fuese grabada en estampas de propaganda, en grandes carteles, en fin, de todas las formas posibles, para ser colocadas en las casas, las iglesias, los comercios, etc.

Debido al éxito de sus misiones no faltó quien se opusiera a la predicación del santo fraile, acusándole ante el Papa Martín V quien, después de un detenido examen de la doctrina y conducta de Bernardino, finalmente no sólo le autorizó a predicar sino que en 1427 le propuso asumir la sede de Siena, pero él se negó al igual que lo hizo con las diócesis de Ferrara y Urbino.

En 1438 fue nombrado vicario general de los Frailes de la Estricta Observancia, siendo su gran promotor; de hecho, al tomar Bernardino el hábito sólo había en Italia unos trescientos frailes y 20 conventos, y cuando murió había más de cuatro mil religiosos y 200 casas conventuales.

Atendiendo a la predicación en L’Aquila, reino de Nápoles, falleció el 20 de mayo de 1400 a los 64 años de edad.

Canonizado por Nicolás V en 1450, apenas seis años después de su muerte, le conmemoramos el 20 de mayo.

San Bernardino de Siena

(1380-1444)

Presbítero de la Orden de los Hermanos Menores de la Estricta Observancia, quien es considerado gran predicador popular, que transformó con su palabra y ejemplo comarcas enteras de Italia; incansable propagador de la devoción del Nombre de Jesús, a la que dedicó escritos maravillosos; insigne reformador y defensor de la observancia; enamorado de Cristo al estilo de su padre, San Francisco de Asís.

Se le considera santo patrón de los anunciantes publicitarios y protector contra la ronquera, las enfermedades respiratorias y la ludopatía.

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