Artículos, Escala de Jacob

¡Ruega por nosotros!

Escala de Jacob

Por: CRISTINA ALBA MICHEL

“Oh María, sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a ti”.

1. Hoy, Madre, vengo a ti solamente para pedirte que ores por nosotros, que nos ampares bajo tu sombra, que nos estreches entre tus brazos, que nos guardes dentro de tu corazón. Vengo a ti en esta hora de la noche del mundo, cuando las sombras oscurecen las mentes y los corazones, el mal parece enseñorearse de la tierra y se burla de los hijos de Dios, de la Iglesia, de las personas de buena voluntad y de todos tus pequeños.

¡Oh Virgen de Belén y de Egipto!, ruega por los bebés no nacidos, por los niños de la soledad, del hambre y la miseria, por los niños y jóvenes de las guerras y las persecuciones, de las migraciones forzadas, de los asaltos a su paz, a su alegría y a su inocencia. Ayúdanos a defenderlos de los ataques de quienes buscan matarles el cuerpo y el alma; ayúdanos a librarlos de quienes van desterrando la luz y la alegría con la que llenan ellos nuestras vidas, nuestras comunidades, nuestro presente y futuro. Protege sus almas jóvenes de la suciedad que les arrojan, a veces, sus propios padres, familiares, profesores y guías, inconscientes del daño que se hacen y que les hacen.

2. Virgen Madre, te ruego también por las madres. Dales tu fuerza de corazón, y también tu dulzura. Sepan ellas imitar tu paciencia, tu prudencia, tu modestia, tu caridad, tu humildad; tu alegría y fortaleza; las virtudes todas con las que tú misma has sido adornada, y que deseas comunicar a través de tus manos benditas.

Te pido por las madres jóvenes, ¡no se dejen atrapar por los engaños del mundo que vende ideologías y modelos de muerte!, como el aborto, la promiscuidad, la irresponsabilidad, la autosuficiencia vana y la autorrealización egoísta que olvida el valor de la entrega y del sacrificio, acciones más puras que el oro ante los ojos de Dios.

Por las madres maduras, ruega que no se dejen seducir por la falsa juventud y otros diosecillos falsos de vanidad y placer, antes bien, encuentren su realización y su gozo en la propia dignidad de ser mujeres y madres, de ser esposas fieles, hijas agradecidas, cristianas y ciudadanas comprometidas con su Iglesia y con la sociedad.

Pido también, María, por las madres ancianas, que en su vejez y en su soledad se vuelquen en ti con amor de hijas, para obtener el consuelo, la fuerza y la mansedumbre de aceptar su propia vida con gratitud, amor y esperanza.

3. María de Nazaret, ruega también por los padres de familia. Por quienes cada día empeñan su vida por la vida de su esposa y de sus hijos. ¡El bueno de José ruegue por ellos y les anime!, les impulse a no dejar caer los brazos, les ayude a sobreponerse a las injusticias laborales que tantas veces hacen del trabajo una especie de esclavitud, les anime a no dejar caer la esperanza y les recuerde que su premio es el de los hombres justos, que su consuelo es la Iglesia, tú su escudo y su alegría Jesús. Te pido por los que no tienen un trabajo, por los que tienen que trabajar en varios, por los que son perseguidos o mal pagados, por los discriminados por ser cristianos, por los que deben emigrar en busca de pan y de futuro, por los que están cansados de luchar, por los que ya no pueden desempeñar un trabajo y sufren por no ser los proveedores del pan en su mesa. Pido, Madre, por los malos padres, los que han abandonado a su familia, los que han sido infieles, los que no velan por sus hijos o ni siquiera los conocen.

4. Virgen de Jerusalén, ruega por la Iglesia de Cristo, por el Papa, los obispos y los sacerdotes. Ellos son atacados con saña por los agentes del mal que quieren destruir, en ellos, a tu Hijo. Pido por los sacerdotes buenos y santos, dales la fortaleza de proseguir en su camino ofreciendo el trabajo apostólico, las dificultades de cada día, los sufrimientos y dolores, la rutina, las persecuciones y los obstáculos por la conversión del mundo y el triunfo del Reinado de Cristo.

Te pido por los sacerdotes mediocres, para que reencuentren el entusiasmo de su primer amor, para que se reavive en ellos la llama de la vocación y el fuego del Espíritu Santo, y puedan entrar en camino de santificación. Te pido por los malos sacerdotes, por los que viven en pecado mortal, por los que abandonan a su esposa la Iglesia por un plato de lentejas, por los que sufren justo castigo debido a sus faltas graves. ¡Que conviertan su corazón y encuentren en el Corazón Misericordioso de Jesús el bálsamo del perdón y la fuerza para seguir adelante!

Especialmente, Madre de Jesús Sacerdote, te pido por los que sufren injustamente la calumnia, la difamación, la deshonra de su persona y su ministerio. Por tantos que hoy son Confesores de la Fe por guardar el secreto de la confesión a costa de su honra y de su libertad. Por los que permanecen en los lugares de guerra para no abandonar al rebaño, por los que han muerto defendiendo al pueblo del Señor. ¡Ruega por santas vocaciones que nazcan de familias santas!

Que todos los sacerdotes, tus hijos predilectos, sigan encontrando en el diario milagro de convertir el pan y el vino en el cuerpo y la sangre de Jesús, la alegría y la fuerza para seguir adelante, fielmente, los pasos del Buen Pastor.

5. Ruega, Madre, y quédate con nosotros, porque se hace tarde y el día oscurece. Danos a Jesús, queremos seguir partiendo con Él el pan de la Eucaristía, el pan de la vida diaria, la alegría de ser hermanos y la fuerza de ser testigos. Ruega por nosotros, dulcísima María, danos a través de tus manos benditas la fuerza del Espíritu Santo que reproducirá en la Iglesia, en cada uno, el rostro luminoso de Cristo que traerá la paz, la unidad y la alegría de nuevo a este mundo y a la Iglesia.

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