Caminando con el Papa

Que la paz se extienda por toda la tierra

El Papa en Bulgaria

Por: CRISTINA ALBA MICHEL

La visita a los refugiados, la oración inter-religiosa por la paz y la misa con la pequeña comunidad católica en donde dio la Primera Comunión celebrada el 6 de mayo para más de 200 niños, fueron los momentos más destacados de la presencia de Francisco en Bulgaria, momentos que mucho tienen para decirnos a nosotros, católicos mexicanos.

Arribo a Bulgaria

Salido de Roma el día 5 de mayo a las 7 de la mañana, el Papa voló a Sofía, capital de Bulgaria, primera etapa de su más reciente viaje apostólico, realizada bajo el lema de la encíclica de San Juan XXIII: Pacem in terris. Llegado al aeropuerto fue recibido por el Primer Ministro del país, y posterior a la oficial visita al Presidente y saludo a las Autoridades y Sociedad Civil visitó al Patriarca y al Santo Sínodo ortodoxos -la ortodoxa es la religión mayoritaria en este país-, para enseguida trasladarse a la Catedral Patriarcal de San Alejandro Nevsky donde oró en privado ante el trono de los santos Cirilo y Metodio; a ellos encomendó el diálogo entre las Iglesias. Al mediodía dirigió el rezo del Regina Coeli desde la Plaza de San Alejandro Nevsky, cerrando el día con la Santa Misa vespertina, presidida en la Plaza Príncipe Alejandro I.

Visita a los refugiados

Se dirigió el lunes 6 de mayo al Centro de Refugiados de Vrazhdebna, en las periferias de Sofía, donde son acogidas personas de Siria e Irak que han huido de la guerra y de la destrucción consecuente; a ellos les dejó un mensaje sencillo para que no se olviden que si bien “su viaje no siempre es hermoso” y “está el dolor de dejar su patria”,  “siempre hay esperanza… les deseo lo mejor a ustedes… Dios los bendiga y oren por mí”. Así mismo, escuchó el testimonio de una joven voluntaria de Cáritas: “Para nosotros, Santo Padre, todos los hombres… son hijos de Dios independientemente de su raza o confesión religiosa. Los católicos queremos que experimenten concretamente el amor de Dios. Entre nuestros colaboradores hay muchos migrantes de la religión musulmana. Somos personas de diferentes confesiones y estamos orgullosos de formar parte de la gran familia de Cáritas. Nos esforzamos por difundir el amor misericordioso de Dios a nuestros hermanos”. Finalizado el encuentro, Francisco se trasladó a una pequeña ciudad pequeña de mayoría católica, para celebrar la Eucaristía y Primeras Comuniones.

Misa de Primera Comunión

Fue en la iglesia del Sagrado Corazón de la ciudad de Rakovski donde el Papa en persona dio la Primera Comunión a 245 niños, marcando un hito en los viajes papales y en sus propias reglas de pontificado, pues normalmente se limita a dar la comunión a los diáconos en el altar pero no la distribuye entre los fieles. En esta ocasión, bajo las dos especies comulgaron los niños mientras el Papa se sentía feliz de poder interactuar con los pequeños, a quienes dijo en un diálogo que no estaba programado: “Dios es nuestro Padre, Jesús nuestro Hermano, la Iglesia es nuestra familia; nosotros somos hermanos, nuestra ley es el amor… y nuestro apellido es ‘cristianos'”. El sol inundaba el recinto de la iglesia, como Jesús Eucaristía el alma de los pequeños comulgantes.

Oración por la paz

Después de las Primeras comuniones, del almuerzo con los Obispos de Bulgaria y del encuentro con los católicos de Rakovski en la iglesia de San Miguel Arcángel, el Papa retornó a Sofía para presidir por la tarde el encuentro de oración por la paz en la Plaza de la Independencia, antes Plaza Lenin, elegida para el acontecimiento debido a que desde ella se pueden contemplar los lugares de culto de ortodoxos, musulmanes, judíos, católicos y armenios. Cada confesión religiosa tuvo su momento para la oración, que finalizó con la oración de San Francisco de Asís pronunciada por el Santo Padre. Él se dirigió a los presentes -numerosos niños y jóvenes- para pedir “que se realice el sueño del Papa Juan XXIII, una tierra en la que la paz se encuentre en casa. Sigamos su anhelo. Y con nuestra vida digamos ‘paz en la tierra… a todos los hombres que ama el Señor'”. Antes de dar por concluido el encuentro, se refirió a las antorchas que rodean ese lugar para decirle a los presentes que aquellas “son expresión del fuego del amor que arde en nosotros y que debe convertirse en un faro de misericordia, de amor y de paz en los ambientes en que vivimos”, con ese fuego “queremos derretir el hielo de las guerras”. Hacía frío, pero el fuerte viento y la lluvia que se precipitaron aquella tarde, como símbolos de la presencia del Hacedor de la unidad, el Espíritu Santo, hicieron más inolvidable este encuentro. Los presentes sonreían felices.

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