Carta del Director, Editorial

“Nosotros somos testigos de todo esto”

La experiencia con el Resucitado nos interpela y nos motiva a vivir siempre alegres, siempre bien dispuestos a dar testimonio y compartir esta Buena Noticia de la victoria de Cristo.

En tanto, sigamos recorriendo el trayecto de este tiempo de gracia por su Resurrección en el marco de la cincuentena pascual. Diversos personajes bíblicos tanto del Evangelio como del libro de los Hechos de los Apóstoles narran los encuentros con Jesús resucitado. Y, ¿qué hay de nuestra vida?, ¿también nosotros somos capaces de dar testimonio y compartir la fe con nuestros hermanos de la misma manera e intensidad que los apóstoles? Ellos, una vez que recibieron al Espíritu Santo, se volvieron valientes defensores de la fe y comenzaron a propagar el anuncio de la Buena Noticia.

Podemos caer en la tentación de pensar que sólo en los tiempos apostólicos se experimentó todo tipo de tormento humano dado que eran los inicios del cristianismo. El dar a conocer la fe cristiana suscitó aquellas primeras persecuciones, el encarcelamiento de algunos de los apóstoles, los azotes que recibieron. Ellos mismos dieron testimonio y declararon que “hay que obedecer a Dios antes que a los hombres”. De tal manera, seamos conscientes que hoy en día también se viven tales persecuciones hacia quienes viven con fidelidad el Evangelio. Esto era de esperarse, pues todo aquel que se lanza con valentía a anunciar la Buena Noticia, a denunciar las injusticias de este mundo, a promover la vida, frente a estructuras sociales y leyes que se han impuesto donde se da cabida a que cada quien haga de su vida lo que le plazca, la forma de vida cristiana se convierte en denuncia viviente. La fe y también la  moralidad cristiana son muy claras: se debe defender y promover la dignidad humana bajo toda circunstancia, indistintamente de la situación que se presente. Así pues, ante dichos acontecimientos que van contra la propia fe no bajemos la guardia, antes bien, sumemos esfuerzos mediante la oración, el acompañamiento espiritual y el apoyo no sólo moral sino en lo que se pueda y haga falta. Oremos también por todos aquellos hermanos nuestros que viven en zonas más difíciles aún para anunciar el Evangelio. Que nos den consuelo las palabras de Cristo: “Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos”.

Sigamos orando, evangelizando y promoviendo nuestra fe cristiana sobre todo con la vida. Dios nos ilumine y nos conceda su Sabiduría para seguir con fidelidad sus mandatos divinos, pues también nosotros somos testigos de todo esto acontecido al Señor Jesús. De nuevo, ¡feliz Pascua!

Dios está con nosotros.

P. Fer

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