Artículos, Esta es nuestra fe

El límite es el cielo

Esta es nuestra Fe

Por: Hno. Reyes Isidro Gómez Ontiveros, MEAP

Dentro de la vivencia y la no vivencia del catolicismo existen múltiples tipos de católico; hoy hablaremos de uno en particular, el católico que hemos denominado: «Católico de YOYA». Y sí, has leído bien, «católico de YOYA». Esta particular versión de la «vida católica» se basa en la creencia de que el catolicismo se lleva a cabo por el simple y llano hecho de cumplir ciertos requisitos.

Es muy común escuchar a los católicos decir frases como las siguientes:

-Yo… Ya me bauticé…

-Yo… Ya asistí al catecismo…

-Yo… Ya hice la Primera Comunión…

-Yo…Ya me confirmé…

-Yo…Ya hice el novenario…

-Yo… Ya fui al víacrucis…

-YO-YA cumplí…

Pareciera que nuestro razonamiento indica que con el cumplir para obtener tal o cual sacramento, o con realizar tal o cual acto de piedad, hemos agotado todas las posibilidades de ejercer la vida católico-cristiana, de modo que hemos alcanzado el límite. Sin embargo esto está, por mucho, muy lejos de alcanzar siquiera el 1% de aquello que debemos ser y hacer como católicos y como cristianos. Y para muestra un botón:

«Por el contrario, como el que los llamó es santo, sean también ustedes santos en toda su conducta» (1Pe 1,15).

Encontramos en la primera Carta del apóstol San Pedro nuestro primer jalón de orejas, y es que no basta cumplir solamente con lo elemental, sino que es necesario orientar nuestra conducta hacia la santidad, teniendo como límite y ejemplo al mismo Dios. De ahí que todo nuestro HACER, cada acto, cada acción, debe estar encaminado a convertirse en un paso más cerca de Dios.

«Por tanto, sean ustedes perfectos como es perfecto el Padre de ustedes que está en el cielo» (Mt 5,45).

Por si no ha quedado claro, el evangelista San Mateo nos narra cómo Jesús, el Hijo de Dios y Salvador nuestro, indica cuál es el límite y el tope de nuestro esfuerzo: ser perfectos como el Padre es perfecto. Aquí se da un paso más allá, porque ya no es sólo la conducta, ya no es sólo un hacer, un actuar; ahora se trata de SER. Alguno podrá decir: «Pero es imposible, nadie puede llegar a ser como Dios», y obviamente eso es correcto, y aunque no lo crean de eso se trata todo. Si el límite es Dios, ningún ser humano puede afirmar que ha cumplido; en cambio, está llamado a luchar hasta su último día, está invitado a subir un escalón más cada jornada y hasta su muerte. Esto se reafirma en el capítulo 24 del evangelio según San Mateo: «Pero el que perseveré hasta el fin ese se salvará» (Mt 24,13).

De manera que, si hemos estado pensando que el catolicismo es una religión light, y que con ciertos detallitos estamos ya libres de culpa y exonerados de compromiso, lamentablemente nos engañamos a nosotros mismos. El católico ha de profundizar en el conocimiento de su fe y en la vivencia de la misma, en la participación activa dentro de la Iglesia y de la sociedad, para gloria de Dios y salvación de sus hermanos.

Ningún católico debe permanecer inerte, creyendo que ha llegado a saturar su participación, su acción y su compromiso, sino que debe de ser y actuar siempre teniendo en cuenta, en todo momento y en todo lugar, que Dios nos invita a dar lo mejor, entregando el ciento por uno en cada momento de nuestra existencia, cada hora, cada día, recordándonos que el límite es el cielo y la última oportunidad la muerte.

-Sección a cargo de los Misioneros Apóstoles de la Palabra. Cualquier comentario, duda o sugerencia estamos a sus órdenes. ¿Sobre qué te gustaría que habláramos en un próximo artículo? Envíanos tu comentario vía Facebook: Evangelio y cultura CDMX o al correo: evangelioyculturamedios@gmail. com

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