Artículos, Caminando con el Papa

El don de las lágrimas

Caminando con el Papa

Por: CRISTINA ALBA MICHEL

El Papa y el Evangelio

El don de las lágrimas

1. Hace un año, el viernes 25 de mayo, Papa Francisco quiso tener a un lado del altar, en la capilla de Casa Santa Marta, la imagen de la Virgen de las Lágrimas de Siracusa que un día antes le llevaron de visita, y abrió la celebración de la santa Misa explicándole a los presentes: «Han traído de Siracusa la reliquia de las lágrimas de la Virgen. Hoy están aquí, recemos a la Virgen para que nos dé a nosotros y también a la humanidad, que lo necesita, el don de las lágrimas; que nosotros podamos llorar por nuestros pecados y por tantas calamidades que hacen sufrir al pueblo de Dios y a los hijos de Dios».

2. Reflexionó en su homilía un pasaje de Marcos (10,1-12): «¿Es lícito al hombre separarse de su mujer?». Los fariseos -dijo- sólo se interesan en «se puede o no se puede». En cambio la respuesta de Jesús va más allá, «llega hasta la creación y habla del matrimonio, que tal vez es la cosa más hermosa» hecha por Dios «en aquellos siete días». «El hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer y los dos se convertirán en una sola carne… no ‘un solo espíritu’, ‘un solo amor’», sino «una carne, ¡no se puede dividir eso!». Añadió: «por tanto, ir por la vida así, uno; y lo que es uno debe permanecer uno: esto es lo que dice el Señor». A veces no funciona -recordó- «y es mejor separarse… pero ESTO ES UNA DESGRACIA».

3. Demasiadas desgracias sacuden hoy a la humanidad. Tomemos las palabras del Santo Padre, oremos, pidámosle a Dios «nos dé a nosotros y a la humanidad el don de las lágrimas para llorar por nuestros pecados y por las calamidades» y divisiones que con ellos provocamos.

Glosas y noticias

Vida en abundancia

1. De nuevo el Papa viaja. ¿Y por qué no lo haría? Aunque se quejen de los «despilfarros» de un «dinero que podría darse a los pobres». Tamaña hipocresía  -o ingenuidad- de quienes así hablan. Por nuestra parte, ¡qué bien que el Papa viaje!, así consuela a su pequeño rebaño, o lo alienta, o le jala las orejas según el caso. ¿Se acuerdan cuando Benedicto XVI vino a México? ¡A que no! ¿Cuál fue su mensaje principal en este país sumido ya desde entonces en la violencia y la corrupción que siguen creciendo?: Conviértanse, oren, pídanle a Dios: «Crea en mí, Señor, un corazón puro». ¿Lo han pedido?

2. Ah, eso sí, le recriminan -todavía hoy me ha tocado leer que le recriminen- el no haber dicho palabras fuertes contra el gobierno y los narcos. ¡Si eso ya lo había dicho en viajes anteriores! Pero como al Papa no le hacemos mucho caso, ni nos enteramos. ¿O sí?

Si en México primero Benedicto XVI y después Papa Francisco nos conminaron a la conversión, al llanto, a la penitencia, a acercarnos a Dios, por algo sería. Pero, quienes no quiereN cambiar, «aunque le manden a Moisés, aunque resucite un muerto, no creerán» (Cf. Lc 16,31). Eso lo dijo Jesús, ¡y en qué contexto! Relean el pasaje.

3. Sucede que en cada lugar el Papa deja el mensaje que el rebaño de Cristo necesita escuchar. Pero también es verdad que los mensajes que deja, a todos nos sirven. Todos necesitamos que nos recuerden la necesidad de la conversión diaria. Ser de «la vela perpetua» no nos salvará, si esa vela no arde con el fuego del Espíritu Santo que impulsa al cristiano a empeñar su vida por el prójimo en la construcción del Reino. Es decir, «no todo el que me diga ‘Señor, Señor’» -dijo Jesús-. Pero tampoco los de «la indiferencia perpetua», ir de omisión en omisión.

4. En Rumania los fieles necesitan consuelo, pues mucho han sufrido los católicos de ambos ritos (bizantino y latino) la persecución comunista y ciertos abusos de los ortodoxos. Pero también necesitan recordar que no son víctimas sino discípulos misioneros, y que quienes los persiguen necesitan que se ore por ellos. Eso, también en Chihuahua nos hace bien escucharlo. Hacernos las víctimas de los demás no nos salvará, sino trabajar para que nuestros hermanos tengan vida en todos los aspectos que nos sea posible. Y vida en abundancia.

Pensar

«No son los que me dicen ‘Señor, Señor’, los que entrarán en el Reino… sino los que cumplen la voluntad de mi Padre… Muchos me dirán en aquel día, ‘Señor, Señor, ¿acaso no profetizamos en tu Nombre? ¿No expulsamos a los demonios e hicimos muchos milagros en tu Nombre?’. Yo les manifestaré: ‘Jamás los conocí, apártense de mí, ustedes, los que hacen el mal’» (Mt 7,21-23). «¿Por qué ustedes me llaman ‘Señor, Señor, y no hacen lo que les digo?» (Lc 6,46).

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