De vocaciones santas y antídotos

En tinta china

Por: LUIS EFRÉN

Orar por las vocaciones es una tarea de todos los días para los que estamos bautizados, pues así como constantemente le pedimos al Señor que nos vaya bien en nuestras jornadas diarias, pedirle que en nuestras comunidades tengamos muchas y santas vocaciones no debe faltar a nuestra oración. No pidamos nada más vocaciones para la vida consagrada como sacerdotes o religiosos, también pidamos para nuestras comunidades santos matrimonios, porque así como el clérigo o el religioso se dedican las 24 horas del día a sus trabajos apostólicos, también los cónyuges uno al otro se consagran para ser uno solo y dar buen testimonio cristiano y evangélico en su pequeña Iglesia doméstica llamada familia.

En este IV Domingo de Pascua la Iglesia ora por todas las vocaciones; es el llamado “domingo del Buen Pastor”, porque en el relato del Evangelio del día se habla precisamente del pastor que busca a sus ovejas y da la vida por ellas. Este año correspondió al Evangelio de San Juan. Cristo, el Buen Pastor por excelencia, es el ejemplo para los sacerdotes y religiosos de cómo deben actuar para con sus ovejas los fieles; Él, aunque la oveja ande extraviada, lo deja todo por ir a buscarla y regresarla al redil. Así también ha de ser todo consagrado al servicio de la Iglesia.

El Papa incesantemente insiste en dejar atrás la pasividad en las parroquias y el confort de los sacerdotes que esperan a que lleguen sus fieles; en este mundo tan cambiante es necesario salir e ir hacia todos los bautizados, dice.

En meses recientes, nuestro Arzobispo escribió un mensaje a todo el pueblo católico de esta Iglesia particular titulado “Los bautizados alejados”, en el que hace una reflexión sobre aquellos hermanos que no practican la fe o que solamente la sacan en determinadas ocasiones. Al respecto nos pide acciones concretas de parte de quienes sí viven su compromiso bautismal, pero no solamente lo pide a los laicos, también a los sacerdotes y religiosos, pues ellos antes de ser consagrados están bautizados y del Bautismo parte toda práctica apostólica, la cual se complementa con los demás Sacramentos de servicio.

Por otro lado, hace unos días se celebró en Lago de Guadalupe, Estado de México, la Asamblea de Obispos mexicanos, en el marco de la cual el Nuncio apostólico tuvo una participación muy activa. En efecto, Monseñor Coppola pidió muy claramente a los prelados que dejen atrás las prácticas cómodas: “El clericalismo es un virus que la Iglesia ha venido incubando durante siglos. Una enfermedad que representa la ‘es-clero-sis’ de la Iglesia; un sagrado ‘despotismo ilustrado’ de quienes piensan y deciden: hago y deshago, organizo y desorganizo, pongo y compongo, apruebo y desapruebo, incluyo y excluyo”. Enseguida explica cuál es el antídoto para ese veneno o virus: la SINODALIDAD.

La sinodalidad “supone consulta y escucha de todo el pueblo de Dios, no sólo de la parte clerical. La sinodalidad es igualdad y unidad, el clericalismo es desigualdad, diferencia y división. La sinodalidad exige acercamiento, comunión, colaboración, corresponsabilidad en todas las instancias eclesiales y en todos los niveles”.

Sigamos orando por muchas y santas vocaciones: sacerdotales, religiosas y matrimoniales, que también son antídotos contra la desigualdad en la Iglesia.

Que el Señor dirija nuestros pasos.

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