Artículos, Escala de Jacob

¿Consagrarse a María?

Por: CRISTINA ALBA MICHEL

1. La Santísima Virgen lo anunció en Fátima a la pequeña Lucía en la aparición del 13 de julio de 1917: “Nuestro Señor quiere que se establezca en el mundo la devoción a mi Corazón Inmaculado”. Añadió: “Quiero que se consagre el mundo a mi Corazón Inmaculado y que en reparación se comulgue el primer sábado de cada mes… Al final triunfará mi Corazón Inmaculado y la humanidad disfrutará de una era de paz”.

Lucía, única de los videntes que llegó a edad avanzada, dedicó su vida a orar, reparar y dar a conocer la devoción al Corazón Inmaculado de María. Esta, junto a la Divina Misericordia, son “las devociones” que este tiempo requiere, por un lado para reparar las ofensas a los Corazones de Jesús y de María, por otro, para la conversión de la humanidad.

2. Ese mensaje hoy es “más vigente que nunca”, lo dijo Benedicto XVI durante su visita a Fátima (2010). Lo hace ver el Papa Francisco, quien se consagró él mismo y pidió se consagrara su pontificado al Corazón Inmaculado de María. La insistencia de los tres últimos Papas, y la de Jesús y de María en sus apariciones a Sor Lucía, destacan la importancia de esta devoción y de la consagración a Jesús a través de María. Más que importante “es esencial” y constituye un deber de amor por parte de los creyentes. Sin embargo, algunos se preguntan por qué deberían consagrarse al Inmaculado Corazón de María, si Cristo es el único Redentor, en quien han de recapitular todas las cosas.

3. Casi 200 años antes de Fátima San Luis Grignion de Montfort escribió: “Si establecemos la sólida devoción a la Santísima Virgen, es sólo para establecer más perfectamente la de Jesucristo y ofrecer un medio fácil y seguro para encontrar al Señor. Si la devoción a la Santísima Virgen apartase de Jesucristo, habría que rechazarla como una ilusión diabólica. Pero… sucede lo contrario. Esta devoción nos es necesaria: para hallar perfectamente a Jesucristo, para amarle con ternura, para recibirle con fidelidad” ( ‘Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen [VD], n.62).

Más recientemente Juan Pablo II reconoció: “antes de descubrir el ‘Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen (VD)’, yo había procurado mantenerme a distancia por temor a que la devoción mariana ocultara a Cristo… A la luz del Tratado comprendí que sucede lo contrario” (A. Frossard, Diálogo con Juan Pablo II, pp.184-185).

4. Montfort señala ocho principales motivos para consagrarse a Jesús por María:

– Porque nos consagra por entero al servicio a Dios.

– Porque con ella imitamos el ejemplo de Jesucristo, de toda la Santísima Trinidad y practicamos en grado excelente la virtud de la humildad.

– Porque nos atrae el amor y los servicios especialísimos de María.

– Porque es un medio excelente para procurar la mayor gloria de Dios.

– Porque conduce a la perfecta unión con Cristo.

– Porque nos da una gran libertad de espíritu.

– Porque procura grandes bienes al prójimo.

– Porque es un medio admirable de perseverancia.

Luego de explicar estas razones, añade: “Si algún crítico que esto lea cree que hablo con exageración, es que no me entiende, ya porque es hombre carnal que no gusta para nada de las cosas del espíritu, ya porque es del mundo, el cual no puede recibir el Espíritu Santo, o porque es orgulloso y crítico, que condena o desprecia todo lo que no entiende. Pero las almas que no han nacido de la sangre, ni de la voluntad de la carne, ni de la voluntad del hombre, sino de Dios y de María, me comprenden… para ellas escribo esto” (VD n.180). 

5. En cuanto a Lucía, el 10 de diciembre de 1925 recibió la aparición de la Virgen -acompañada por Jesús Niño- quien le mostró un corazón rodeado de espinas. Jesús le dijo: “Ten compasión del Corazón de tu Santísima Madre, cubierto de espinas, con las cuales los hombres ingratos la perforan en todo momento, y no hay nadie que haga un acto de reparación para eliminarlos”. Son las espinas de las blasfemias e ingratitudes, “tú al menos, procura consolarme y di que: ‘Todos aquellos que durante cinco meses seguidos, en el primer sábado, se confiesen y reciban la Santa Comunión, recen el Santo Rosario y me hagan 15 minutos de compañía meditando los misterios del Rosario con el fin de desagraviarme, yo prometo asistirlos en la hora de la muerte con todas las gracias necesarias para su salvación'”.

En 1927 Jesús mismo le pidió que revelara todo esto.

6. Para Lucía quedó aún más claro que la devoción al Inmaculado Corazón era el plan del cielo. Ya lo había visto desde las apariciones de 1917 y en sus memorias explica que aquel 13 de julio la Santísima Virgen les hizo saber que “Dios deseaba establecer en el mundo la devoción a su Inmaculado Corazón”. Fue el mismo día que vieron el infierno, cuando les dijo: “Has visto el infierno, donde van las almas de los pobres pecadores. Es para salvarlos por lo que Dios quiere establecer en el mundo la devoción a mi Inmaculado Corazón”.

Estas palabras fueron para Lucía la clave de que la devoción debía propagarse por el mundo, y hoy con más urgencia que cuando se produjo la aparición.

7. La Virgen le dijo también a la niña que su Inmaculado Corazón sería su refugio y su camino hacia Dios, al mismo tiempo “abrió sus manos y de ellas brotó una luz que penetró en nuestros corazones hasta lo más íntimo. De ese día en adelante, nuestros corazones se llenaron de un amor más ardiente por el Inmaculado Corazón de María”, escribió Sor Lucía.

Y no podía ser de otro modo, pues el Corazón Inmaculado que alberga todo lo de Jesús, está encendido por el mismo fuego del Espíritu Santo para gloria del Padre.

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