La Iglesia en las Periferias, Reportajes

Comedor Santa Luisa, comida hecha con amor

La Iglesia en las Periferias

Por: KAREN ASSMAR DURÁN

Al norte de la ciudad episcopal fueron inauguradas hace tres años las instalaciones de un comedor para niños que lleva por nombre “Santa Luisa de Marillac”, en honor de la cofundadora (junto a San Vicente de Paúl) de las Hijas de la Caridad, centro que forma parte de la red de caridad de las Voluntarias Vicentinas.

Es Gloria Alvarado Zapata -llamada cariñosamente “Yoyó”-, quien junto con su compañera Ana Eugenia Terrazas, está a cargo del buen funcionamiento de este comedor que brinda alimentos a aproximadamente 150 niños de escasos recursos los días lunes, miércoles y viernes.

Corresponder a tanto bien

Yoyó quería corresponder en algo a tanta bendición recibida, por lo que hace 18 años aceptó la invitación del P. Joaquín Rosell, CM, a ser Voluntaria Vicentina. Inició en el Centro Cárcel, el cual atiende a hijos de los internos de la Penitenciaría, porque quería trabajar con niños, “luego, al jubilarme y venirme a vivir al norte, este centro [el comedor] me quedaba más cerca; ya tengo aquí 4 años y medio”. Aunque el edificio se inauguró en octubre de 2016, desde 2010 inició sus servicios en una casita.

Hecho con amor

Ubicado en la colonia Pedro Domínguez, el comedor brinda alimento principalmente a niños y adolescentes de las escuelas primarias indígenas “Gabriel Teporaca” y “Repabé Rarámuri”, la “Manuel López Dávila” y las secundarias 78 y 3066, entre otras cercanas a esta zona. Igual se comparte alimento con adultos indigentes o farmacodependientes que comen afuera de las instalaciones pues éstas son exclusivas para los menores. La comida se sirve de 1pm-3pm, y asiste un promedio de 150 niños; hay días que son menos porque algunas escuelas cuentan con comedor, pero “me dicen que no les gusta la comida de la escuela; yo pienso que es porque aquí la hacemos con mucho amor”, señaló Yoyó.

Las instalaciones

Además del comedor y la cocina, las instalaciones cuentan con amplios baños, cuarto de juguetes y de tareas, patio con juegos y cancha de básquetbol cuyos suelos se espera pronto sean encementados. “Es nuestra intención que en los espacios que tenemos puedan hacer su tarea, es algo muy importante porque hay niños que salen de la primaria sin saber leer y escribir, otros no van a la escuela”. Compartió el caso de Ángel Alfonso, un niño que desde que empezó a caminar anda en la calle y a sus 8 años de edad acaba de salir de un centro de rehabilitación. Y así como este pequeño hay muchos otros que están muy expuestos a situaciones de violencia intrafamiliar y adicciones, “por eso Dios nos conceda brindarles un espacio más acogedor y contar con maestros que los motiven y pongan en sus corazones gotitas de amor y esperanza para que aspiren a una vida mejor”.

Donadores

Cuando un niño llega se anota en un sistema, ya que a fin de mes se hace un informe sobre cuántos se atendieron. Pero no sólo se anota asistencia sino que además del nombre esa lista contiene otros registros, entre ellos la edad, dato que Cáritas Diocesana solicita para seguirles donando alimento, así como Fundación Best, que además de alimento, según refirió Yoyó, cada tres meses manda una médico para que lleve control de peso y estatura de los niños. Donador indirecto es la empresa Costco: “Una compañera recibe en donación pasteles y nos comparte para darles de postre”. Y agregó:

“Tenemos muy pocos donadores: un señor que nos dona tres kilos de carne y la hacemos rendir; otros dos apoyan con 300 pesos, una con 500 y otro con mil al mes. Yo siempre le pido al Señor que les multiplique en bendiciones a quienes donan. Para el gasto operativo, que asciende a 7 mil pesos mensuales, hacemos actividades y seguimos adelante con la bendición de Dios, porque si no, no me explico cómo podemos subsistir”.

A los comensales se pide una cooperación no obligatoria de $10 pesos; de hecho la mayoría no la paga, pero se insiste en que se pida aunque no la den “porque vienen comiendo chucherías o de jugar en las maquinitas y no cooperan, más los tarahumaras porque no están acostumbrados a cooperar”.

Gente de buen corazón

Afirmó Yoyó que si hubiese más personas apoyando se podría ofrecer la comida de lunes a viernes, pero sólo cuentan a veces con chicas que prestan su Servicio Social y muy pocas señoras que son mamás de los niños: “Necesitamos mucho apoyo, más que nada humano, personas de buen corazón que quieran devolverle al Señor algo de lo mucho que nos da. Pueden brindar su tiempo, alguna donación en especie o en efectivo, pagar un recibo de luz, agua, predial. No es tan pesado el cocinar, el problema es a la hora de atender a los niños, lavar baños, trastes, barrer y trapear para dejar limpio, eso es lo pesado”. Y para animar a voluntarios, con voz entrecortada por la emoción expresó que para ella este apostolado “es una bendición, porque recibo más de lo que doy de parte de los niños: me hacen cartitas de amor, traen detallitos, me besan y para mí es muy gratificante el poder servir; Dios me llena de bendiciones y yo quiero contribuir con amor”.

Comedor Santa Luisa de Marillac

C. Humberto Rodríguez #16506, Col. Pedro Domínguez

Informes: Cel. (614)198-8305.

Alejandra Holguín, estudiante de Creación y Desarrollo de Empresas en Universidad Tec Milenio, presta en el comedor su servicio social desde febrero y eligió este centro porque le gusta trabajar con niños: “A otros les parecerá pesado pero para mí, estar con los niños me llena y me hace muy feliz”. Indicó que para ellos le gustaría que pudieran tener acceso a una mejor educación. Por su parte los hermanitos Elda (9 años) y Héctor (12 años) llevan algún tiempo asistiendo al comedor; les gusta porque “dan comida muy rica”.

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