Carta del Director, Editorial

Sin ver creyeron, sin entender adoraron

Rincón del Director Sin ver creyeron, sin entender adoraron
Hoy, día de la Epifanía, Dios se ha manifestado como Dios, Rey y Señor de todos los pueblos y naciones de la tierra. Comúnmente caemos en la costumbre de que el día 6 de enero se celebra a los santos reyes: Estamos equivocados. No celebramos a los santos reyes sino a aquel pequeĄo NiĄo aún reclinado en un pesebre: Dios, Salvador, Rey y Todopoderoso. El que siendo fuerte se hizo débil según la carne. El Eterno que asumió la temporalidad. El que es rico y se hizo el más pobre de entre los pobres. El que siendo grande se ha hecho pequeĄo como nosotros. Por tanto no centremos la celebración en los “reyes magos”, antes bien sigamos el ejemplo de aquellos hombres que procedentes del Oriente y guiados por la estrella de Belén siguieron su luz para llegar a la Luz. Lo que aprendemos de aquellos hombres es su actitud de reconocimiento y adoración al verdadero Dios recién nacido en la carne, la fragilidad y la pobreza. Como ellos, vayamos al pesebre y adoremos a nuestro Dios. Los magos representan a todos aquellos que buscan, sin cansarse, la luz de Dios, siguen sus seĄales y, cuando encuentran a Jesucristo, luz de los hombres, le ofrecen con alegría todo lo que tienen y todo lo que son. Así como la estrella anunció la venida de Jesús a las naciones, hoy en día el Evangelio anuncia a todos los pueblos su persona y su mensaje. Así, los “reyes magos” nos representan a todos los pueblos de la tierra que desde el paganismo llegamos al conocimiento del verdadero Dios. Ellos dejaron patria, casa, comodidades y familia para encontrar y adorar al Niño Dios; perseveraron pese a las dificultades a través del camino largo, difícil, incómodo y cansado. Nos enseñan que seguir a Dios implica sacrificio, pero tratándose de Él cualquier esfuerzo y trabajo valen la pena. Ellos tuvieron fe en Dios, creyeron cuando aún no veían y adoraron aunque no entendían, pues quizá habían pensado encontrar a Dios en un palacio lleno de riquezas. Pero pobre, le adoraron y le entregaron sus regalos. Nos enseñan la importancia de estar siempre pendientes de los signos de Dios para reconocerlos. El oro, el incienso y la mirra que hoy le ofrecemos, es nuestro propio corazón. Dios está con nosotros.

P. Fernando

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